Post Mortem

Miro, trago, escupo.

Soy como la pescadilla que se mordía la cola y acabó vomitando su propia cabeza.

Escribo, me curo.

¿Pero de qué me sirve sanar si el mundo a mi alrededor se encuentra en estado de coma, si la ponzoña de mi interior se traslada a donde piso?

Sueño, mudo y terco.

Idealizo mis problemas para quebrarme menos, para levantarme cada mañana y parecer cuerdo.

Sigo, vivo pero no sigo vivo.

Observo y veo la peonza que dejó de girar y que solo una persona puede darle cuerda.

Subo, escalo, escalas, me corro.

El sudor tiñe nuestros cuerpos de color bermejo, a juego con el dolor de mis pupilas.

Grito, peleo, me rompo.

Llámame abrazafarolas pero es que me ellas me han dado mucho más cariño que otra personas.

Huyo, me escondo, no te veo.

¿Pero quién puede huir de su propia cabeza, esquivar los recuerdos y salir de ese laberinto de setos mal cuidados?

Creo (algún tonto dice que arte), recito, me desnudo.

Ella diría que un siete, yo prefiero decantarme por el número trece.

Lloro, soy un monstruo.

Me miro al espejo y no responde a mis preguntas.

Pego, lo destrozo.

¿Por qué nadie responde a mis putas preguntas?

Pego, me destrozo.

Respirar es auto flagelarme, pero es que todos tenemos nuestro lado masoquista.

Oigo, escucho aterrado.

Mi otro yo me vuelve a susurrar en el oído derecho. La serpiente circula por mi cabello.

Salto, sorbo, bebo.

Me acuerdo de sangrías del pasado.

Despierto.

Abro mis ojos.

No.

 

 

 

Algún lugar frío.

Un apéndice  de enciclopedia que nadie se molesta en leer.
El sorbete de limón demasiado ácido que ya deje atrás.
Mis dientes castañean no por frío sino por nerviosismo.

La hoguera hace ya años que no arde.
Quedaron cenizas de las que no salió ningún Fenix.
Quien se acerca a mí acaba tosiendo por la contaminación de aire.

Mis cuerdas vocales sufren de tanto decir “No necesito a nadie”.
Al final acabaré como Pinocho, devorado por una ballena azul.

Un árbol desnudo en mitad de un bosque perenne.
Un polvo que no aporta nada, un abrazo que te hace sentir libre,
La perspectiva empírica de Van Eyck.

Aquí no puedes accionar el botón de suprimir,
Las acciones se te clavan como agujas.

El mayor tatuaje es el que no se ve,
Los mejores versos son los que no se muestran,
La careta mejor guardada es la que se niega.

Medio cuerpo hundido en las arenas movedizas.
El otro medio reseco por la sal del mar.

Los ojos ya no lloran, están petrificados.
Los filtros de color azul tiñen mis pupilas.

Estoy desangrado pero mi corazón sigue latiendo inútilmente

Muerto en vida, resucito por momentos.
Natural en mí.
Como la caída de hojas en otoño.

Perro Azul

Todo puede ser azul si tú quieres. Todo depende del filtro que le pongas.
El mar es azul, el cielo es azul y el perro es azul.
Sí, afirmo que los perros son azules sin miedo a equivocarme.
Ella lo dijo entre risa y risa, entre espasmo y espasmo.

El cubata azul que dejé a medias,
La piedra rota de un mechero y un poema agridulce.
Poco más hace falta.

La sapiencia en nombre, que no en persona,
me mira con sus pupilas azules.

Leí su mundo y aún no he entendido nada, ni siquiera el mío.
Me pregunto quién podrá hacerlo tras diecinueve losas de pétreo material.

Ella escribe azul mientras fuma verde.
Vigilada con la fuerza de un radar de tráfico,
Sueña con escapar mientras fotografía perros azules con vaqueros rotos.

A mí me gustan las palabras sin filtros a cara de perro (azul por supuesto)
Escribo con tinta azul palabras rojas ya que mi sangre está presente en ellas.
Yo siempre en la mala dirección, ella al menos en alguna va, no sabe cual
Pero va, que ya es mucho decir.

Si algo me enseñó es a dejar de buscar días grises con nubes de color gris.
Ahora estoy obsesionado con los callejones de paredes azules.

Brais Nogueira

El tren abandonado.

Soy como el hombre sin piernas al que solo le queda un paso.
Como la elección equivocada, el perro con nombre de hombre,
el peso muerto en la balanza.
Las fechas pasadas marcadas en rojo en el calendario.

Te dejé algo de ventaja y caí en la paradoja de Zenón.
Aquiles siempre quiso perdurar, ese no soy yo.
Brais siempre quiso ser feliz, ese ni de coña soy yo.

Puedo ser un soñador bohemio pero jamás olvido a los que llevo dentro.
Ni a los asesinos que nos gobiernan ni todo el dolor que causan.
Ni a ninis más sabios que catedráticos.
Ni por supuesto a todos los que se llevó la droga.

Me creí domador en mi propio circo pero me devoraron los animales.
(Y me estuvo bien)

Estaré cuerdo el día  que guarde celibato.
Le daré cuerda a mi reloj antes de que pare.
Haré la parada del siglo en el final de la copa del martirio.

(¿Quién soy?)

En cada estación  de tren hay menos pasajeros.
Yo me hago fuerte en mi agujero.
Sueño más de lo que digo y vivo menos de lo que muero.
Muerte cruda como Faulkner ya que escribo mientras agonizo.

Estudiante de periodismo que odia el periodismo,
Poeta que odia a los poetas que escriben para vender y no sienten para escribir.
Varón que odia a los hombres cada vez que ve las noticias.
Humano que odia a todo ser humano cómplice de este gran presidio.

Lo mío son más las tribulaciones que lo concreto.
Más de películas que de series.
Más de ska que de baladas, más de Batania que de Defreds.
Menos de mí que de tu compañía,
Ya que tú miras en versión original, sin aditivos y con mucho alcohol para sanar mi herida.

El cubata más duro que he probado es la realidad,
Todavía me dura la resaca y las cicatrices.
Algunos me ven como un Don Juan aunque solo añoro días menos grises.
Quise encontrar un pase para hacer algo decente y me encontré en fuera de juego.
Por lo tanto seguiré recitando mi mierda para vosotros, que decís disfrutar con ella.

(¿Quién soy?,
Sin duda soy yo.)

Brais Nogueira